Sófocles, Shakespeare, Goethe y tú?…
Zaragoza es una ciudad acogedora, divertida, alegre, obstinada, trabajadora, abierta, que siempre da la bienvenida al visitante. Su historia bimilenaria la hace poseedora de uno de los legados histórico artísticos más importantes del país. Su nombre, que honra al emperador César Augusto, quien la fundó en el año 14 a. C., ha llegado, a nuestros días a través del árabe Saraqusta. La memoria de estos 2.000 años de historia, está grabada en sus calles, en sus monumentos y en sus gentes. Por aquí han pasado distintas culturas que han convivido entre sí haciendo de ella un lugar donde se concentran y coexisten las diferencias de origen, de aptitudes, de actividades, conscientes de que esta diversidad favorece lo imprevisible, introduce desorden y hace más posible la innovación. Los resultados de esta convivencia siempre han sido positivos en aspectos sociales, culturales y arquitectónicos. Zaragoza ha sido y tiene vocación de seguir siendo un mosaico de culturas y religiones en la que judíos, musulmanes y cristianos han dejado un sello que los visitantes pueden contemplar cuando pasean por sus calles y que han marcado el peculiar estilo de vida de los zaragozanos. La ciudad invita a disfrutar legado romano, que dejó su huella en impresionantes restos arqueológicos ahora museos, del arte mudéjar, representado en el Palacio de la Aljafería y en la Catedral de San Salvador; de la obra de Goya; de la basílica del Pilar y de los sabores de nuestra tierra.
Zaragoza ha apoyado su trayectoria sobre una privilegiada posición en el valle medio del Ebro, encrucijada de vías naturales. Esta situación ha propiciado su gran crecimiento y ha potenciado la ciudad como uno de los focos económicos más sólidos y dinámicos de España. Con 700.000 habitantes, dos universidades, un aeropuerto internacional, una completa red de autopistas y una red ferroviaria, reforzada con la línea de alta velocidad, Zaragozase ha propuesto construir un futuro sostenible, habitable y grato. Convertida en capital mundial del agua, como sede del Secretariado de la ONU para la Década del Agua, reconquista su casco histórico, crea barrios futuristas y de planificación racional, mejora radicalmente las comunicaciones urbanas y ennoblece los espacios públicos. La Exposición Internacional de 2008 ha sido un hito en la historia de la ciudad, que debe ser el inicio de un nuevo y esplendoroso futuro.
Zaragoza ofrece orgullosa una oferta turística de calidad junto a una consolidada oferta gastronómica, que aúna tradición y modernidad y ayuda a que el “tapeo” se considere en Zaragoza una actividad social más.
Pero su mayor patrimonio son los propios ciudadanos. De raíces claramente mediterráneas, es una ciudad volcada a la calle donde la gente charla, lee, pasea, se quiere, bebe y come... y cuando sopla el cierzo y obliga a la gente a recluirse, deja al menos un regalo impagable: esa atmósfera límpida, transparente, que propicia una luminosidad especial y unos extraordinarios juegos de colores al atardecer. Abiertos y vitales, los zaragozanos no solo reciben a los visitantes con espíritu hospitalario y les ofrecen su calor humano, sino que se muestran siempre abiertos a compartir con ellos su ciudad, sus tradiciones, sus fiestas y su alegría de vivir. Su gente es, sin duda, el mayor tesoro que encierra Zaragoza.
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